Es el siguiente:
El dolor en el presente se experimenta como ofensa
El dolor en el pasado se recuerda como enojo
El dolor en el futuro se percibe como ansiedad.
El enojo inexpresado, redirigido contra uno mismo y contenido dentro, se llama culpa
El agotamiento de energía que se presenta cuando el enojo se redirige hacia dentro crea la depresión
(...) las heridas sepultadas se disfrazan de enojo, ansiedad, culpa y depresión. La única manera de tratar estas capas de dolor es averiguar qué hiere cuando se presenta el dolor, resolverlo y continuar adelante. Vivir en el presente significa tener la honestidad de evitar la emoción fácil, que es el enojo, y exponer el dolor, que es más difícil de enfrentar. CUando el dolor no se resuelve en el presente, la cruel acumulación de enojo, ansiedad, culpa y depresión no puede sino empeorar.
1- comprende que el dolor es el sentimiento negativo más básico. no puedes estar en el presente sin estar dispuesto a sentirte herido.
2- permanece con tus sensaciones. no cedas al impulso de negar lo que sientes o de convertirlo en enojo.
3- Dí lo que sientes a la persona que te provocó ese dolor
4- Resuelve tu emoción y continúa adelante.
Ésto puede parecer un ejercicio de sufrimiento, pero en realidad es un ejercicio de libertad. Sufrir no es agradable, pero sí real. Te pone en el presente, mientras que las reacciones condicionadas de enojo, ansiedad, culpa y depresión te sacan de él. Una vez que estás en el presente, puedes seguir el rastro de tus emociones hasta su fuente, que no es dolor sino amor, compasión, verdad.... el verdadero tú.
El sufrimiento no tiene finalidad alguna, salvo la de guiarte hasta tu verdad. En sí y por sí, el dolor sólo vale como señal que te sacará del dolor. Cuando un bebé sufre, llora, saca el sufrimiento de su organismo y luego se relaja. Vuelve al estado básico del cuerpo, que es placer, tranquilidad y comodidad. Si quieres sentir esas cosas basta con que seas tú mismo, pero ser tú mismo significa ir más allá de la tendencia a reprimir o desviar tus emociones, cosa que todos aprendimos en la primera infancia.
"cuerpos sin edad, mentes sin tiempo" - Deepak Chopra
No creas nada de lo que está escrito, simplemente porque está escrito. Permítete cuestionarte tus creencias, permítete experimentar... y sobre todo, permítete ser feliz.
sábado, 18 de febrero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
¡ya sé quién soy!
NEALE DONALD WALSCH
HABIA UNA VEZ
UNA PEQUEÑA ALMA QUE DIJO A DIOS:¡Ya se quien soy!
Y Dios le contestó:
¡Maravilloso!
¿Quién eres?
La pequeña alma contestó a toda voz.
¡Soy la luz!
Dios sonrió ampliamente:
Así es —exclamó. Tú eres la Luz.
La pequeña alma estaba feliz, porque había comprendido lo que todas las almas del reino trataban de entender.
¡Hurra! ¡Esto es fantástico!
Pero poco después ya no le bastó con saber quien era.
Sentía cierta inquietud en su interior, porque quería ser lo que era.
Así, la pequeña alma volvió a hablar con Dios (lo cual no es mala idea para todas las almas que quieren ser Quienes Son realmente), para comunicarle sus ideas:
¡Hola, Dios!
Ahora que ya se quien soy, ¿es bueno serlo?
Dios respondió:
¿Quieres decir que deseas ser Quien Ya Eres?
Pues… verás. Una cosa es saber Quien soy, y otra muy distinta es serlo realmente.
Quiero sentir como es ser la luz.
Pero si ya eres la luz — Repitió Dios, sonriendo otra vez.
¡Si, pero quiero saber como se siente serlo! —exclamó la pequeña alma.
Creo que debí imaginármelo —repuso Dios, riendo
Tú siempre has sido la más aventurera
Y, tras un instante, la expresión de Dios cambio.
Pero hay una cuestión…
¿Qué es? preguntó la almita.
…Que no existe otra cosa además de la Luz. No creé otra cosa que lo que tu misma eres. Así, no hay un modo sencillo para que experimentes Quien eres, puesto que no hay nada que no seas.
¿Cómo? —repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco confundida.
Piénsalo de este modo.
Eres como una vela en el sol.
Ya estas allá, junto con millones y ga-guillones de otras velas que forman el sol.
Y el sol no podría serlo sin ti, porque le faltaría una de sus velas, y así no podría brillar tanto.
Pero saber que eres la Luz estando dentro de la Luz… ese es el problema.
Tú eres Dios, ¡ya se te ocurrirá algo!
Dios volvió a sonreír:
Ya pensé en algo.
Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodearé de oscuridad.
¿Qué es la oscuridad? Es aquello que tú no eres.
¿Tendré miedo de la oscuridad? —gimió la almita.Solo si así lo quieres —respondió Dios.
A decir verdad, no hay nada que temer, a menos que así lo decidas. Nosotros inventamos todo eso. Fingimos.
¡Ah! —exclamó la pequeña alma, que ya se estaba sintiendo mejor.
Entonces Dios explicó que, para poder experimentar cualquier cosa, se requiere de su opuesto.
Ese es un gran don, porque sin el no podrías conocer como es todo lo demás. No podrías saber que es lo caliente sin lo frío, el arriba sin el abajo, lo rápido sin lo lento. No podrías saber que es la izquierda sin la derecha, el acá sin el allá, el ahora sin el después.
Y así —concluyó Dios, al verte envuelta en la oscuridad, no cierres el puño ni alces la voz para maldecirla.
Más bien, sé Luz entre las tinieblas, y no te enojes por ello.
De ese modo sabrás Quien Eres Realmente, y también los demás lo sabrán.
Permite que tu luz brille para que todos sepan que eres alguien muy especial.
¿Quieres decir que está bien que los demás sepan que soy alguien muy especial? — inquirió la Pequeña Alma.
¡Por supuesto! — rió Dios, ¡Esta muy bien!
Pero recuerda que “especial” no quiere decir “mejor”. Todos son especiales, cada uno a su modo. Pero hay muchos que no lo recuerdan. Entenderán que está bien que sean especiales sólo cuando tu mismo sepas que está bien ser especial.
¡Fantástico! — exclamó la almita, quien bailaba, reía y daba saltos de felicidad.
¡Puedo ser todo lo especial que quiera!
Si, y puedes serlo a partir de ahora mismo — agregó Dios, quien bailaba y saltaba y reía con la pequeña Alma.
¿Qué parte de lo especial quieres ser?
¿Qué parte de lo especial? No te entiendo.
Verás… — le explicó Dios:
Ser la Luz es ser especial, y eso esta hecho de muchas partes.
Ser generoso es ser especial.
Ser amable es ser especial.
Ser creativo es ser especial.
Ser paciente es ser especial.
¿Se te ocurren otros modos de ser especial?
La pequeña Alma quedó en silencio por un instante:
¡Se me ocurren muchas formas de ser especial! — Exclamó luego.
Es especial ayudar a los demás.
Es especial compartir.
Y ser amistoso también es ser especial.
¡Ser considerado con los demás es ser especial!
¡Así es! — concordó Dios.
Y tú puedes ser todas esas cosas, o cualquier otra parte de lo especial que desees ser, en cualquier momento. Eso significa ser la Luz.
¡Ya se lo que quiero ser! —anunció la Pequeña Alma, muy emocionada.
Quiero ser la parte de lo especial llamada “perdonar”.
¿No es especial perdonar?
Oh, si —aseguro Dios. Eso es muy especial.Entonces, eso quiero ser. Quiero perdonar.
Quiero experimentarme a mi misma de ese modo.
Bien —dijo Dios.
Pero hay algo que debes saber.
La Pequeña Alma comenzaba a impacientarse.
Parecía que siempre había complicaciones.
¿De que se trata? —suspiró
No hay nadie a quien perdonar.
¿Nadie? La Pequeña Alma apenas podía creer lo que estaba oyendo.
¡Nadie! —repitió Dios.
Todo cuanto hice es perfecto.
No hay una sola alma en toda la creación que sea menos perfecta que tu.
Mira a tu alrededor.
Entonces la Pequeña Alma se dio cuenta de que se había reunido una gran multitud. De todo largo y ancho, de todos los rincones del Reino, habían venido almas, porque se había corrido la voz de que la Pequeña Alma sostenía una extraordinaria conversación con Dios, y todos querían oír lo que decían.
Viendo a las incontables almas reunidas, la almita tuvo que coincidir: nadie parecía ser menos maravilloso, menos magnifico o menos perfecto que ella misma. Tal era el esplendor de las almas reunidas y tan brillante era su Luz, que la Pequeña Alma apenas podía sostener su mirada.
¿A quién perdonar entonces? —preguntó Dios.
¡Oh, creo que esto será muy aburrido! — gruñó la almita.
Quería experimentarme como El Que Perdona.
Quería saber como es esa parte de lo especial.
Y, así, supo como es estar triste.
Pero entonces un Alma amistosa salió de entre la multitud:
No te preocupes Pequeña —le dijo. Yo te ayudaré.
¿De verdad? —replicó, con el rostro iluminado.
¿Pero que puedes hacer?
Puedo darte a alguien para que lo perdones.
¿Puedes?
¡Desde luego! —canturreó el Alma amistosa.
Puedo ir a tu siguiente vida y hacer algo para que lo perdones.
Pero… ¿Por qué habrías de hacerlo? —preguntó la Pequeña Alma.
Tú que eres un Ser de tan absoluta perfección.
Tú que vibras con gran rapidez creando una luz tan brillante que apenas puedo verla.
¿Qué podría hacer que frenaras tu vibración hasta que tu luz se hiciera oscura y densa?
¿Qué podrías hacer tú, que eres tan ligera como para bailar en las estrellas y desplazarte por el Reino a la velocidad del pensamiento, entraras a mi vida y te volvieras pesada como para hacer una cosa tan mala?
Es muy fácil —repuso el Alma Amistosa.
Lo haría porque te amo.
A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.
No te asombres — le dijo el Alma Amistosa.
Tú hiciste lo mismo por mí. ¿No lo recuerdas? Hemos bailado juntas muchas veces, por eones y eras. Durante todos los tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas. Simplemente no lo recuerdas,
Ambas hemos sido todas las cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha. Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después, Fuimos lo Masculino y lo Femenino, lo Bueno y lo Malo. Tu y yo Fuimos la victima y el villano.
Así, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar Quienes Somos Realmente.
De ese modo —añadió el Alma Amistosa, llegaré a tu próxima vida y seré el “malo”. Haré algo realmente terrible, y entonces podrás experimentarte como El Que Perdona.
¿Que harás? —preguntó la Pequeña Alma, un poco nerviosa.
¿Que puede ser tan terrible?
Oh, ya pensaremos en algo —replicó el Alma amistosa, con un guiño.
Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuro:
Tienes razón en algo.
¿En qué? —quiso saber la almita.
Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer ese algo no tan bueno, Fingiré que soy alguien muy distinto a quien realmente soy. Por eso te pediré un favor a cambio.
¡Si, lo que quieras — exclamó la Pequeña Alma y comenzó a cantar y bailar, Podré perdonar, podré perdonar!
Pero notó que el Alma Amistosa seguía muy callada.
¿Qué quieres? —le preguntó. ¿Qué puedo hacer por ti?
¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mí!
¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! —interrumpió Dios
¡Todos lo son! Siempre recuerda eso que solo ángeles envío.
Y así, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la petición del Alma amistosa:
¿Qué puedo hacer por ti? —volvió a preguntar.
En el momento que te golpee y te despedace —repuso el Alma Amistosa. Cuando te haga lo peor que pudieras imaginarte, en ese mismo instante…
¿Que? — interrumpió la Pequeña Alma. ¿Qué…?
El Alma amistosa está aun más seria:
Recuerda quien soy realmente.
¡Si, así será! —exclamó el Alma Inocente. ¡Te lo prometo! Siempre te recordaré tal y como te veo aquí y ahora.
Muy bien —repuso el Alma Amistosa, porque pondré tanto empeño en fingir, que olvidaré quien soy. Y si tú no me recuerdas como soy realmente, no podré acordarme durante mucho tiempo. Y si olvido quien soy, incluso tú olvidarás Quien Eres, y las dos estaremos perdidas. Entonces necesitaremos que venga otra alma para que nos recuerde a Ambas Quienes Somos.
¡No, no será así! —prometió otra vez la Pequeña alma.
¡Te recordaré! Y te agradeceré por darme ese don, la oportunidad de experimentarme como Quien Soy.
Así acordaron, y La Pequeña Alma fue hacia una nueva vida, emocionada por ser la Luz, que era muy especial, y por ser esa parte de lo especial que se llama Perdonar.
Y esperó ansiosamente poder experimentarse como Perdón y agradecer lo que hiciera la otra alma para que fuera posible.
En todo momento de esta vida, cada vez que apareció en escena una nueva alma, ya fuera que trajese felicidad o pesar (y especialmente si traía pesar), la Pequeña Alma pensó en lo que Dios le dijo.
“Siempre recuerda que no envío mas que ángeles”
“Fin”
HABIA UNA VEZ
UNA PEQUEÑA ALMA QUE DIJO A DIOS:¡Ya se quien soy!
Y Dios le contestó:
¡Maravilloso!
¿Quién eres?
La pequeña alma contestó a toda voz.
¡Soy la luz!
Dios sonrió ampliamente:
Así es —exclamó. Tú eres la Luz.
La pequeña alma estaba feliz, porque había comprendido lo que todas las almas del reino trataban de entender.
¡Hurra! ¡Esto es fantástico!
Pero poco después ya no le bastó con saber quien era.
Sentía cierta inquietud en su interior, porque quería ser lo que era.
Así, la pequeña alma volvió a hablar con Dios (lo cual no es mala idea para todas las almas que quieren ser Quienes Son realmente), para comunicarle sus ideas:
¡Hola, Dios!
Ahora que ya se quien soy, ¿es bueno serlo?
Dios respondió:
¿Quieres decir que deseas ser Quien Ya Eres?
Pues… verás. Una cosa es saber Quien soy, y otra muy distinta es serlo realmente.
Quiero sentir como es ser la luz.
Pero si ya eres la luz — Repitió Dios, sonriendo otra vez.
¡Si, pero quiero saber como se siente serlo! —exclamó la pequeña alma.
Creo que debí imaginármelo —repuso Dios, riendo
Tú siempre has sido la más aventurera
Y, tras un instante, la expresión de Dios cambio.
Pero hay una cuestión…
¿Qué es? preguntó la almita.
…Que no existe otra cosa además de la Luz. No creé otra cosa que lo que tu misma eres. Así, no hay un modo sencillo para que experimentes Quien eres, puesto que no hay nada que no seas.
¿Cómo? —repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco confundida.
Piénsalo de este modo.
Eres como una vela en el sol.
Ya estas allá, junto con millones y ga-guillones de otras velas que forman el sol.
Y el sol no podría serlo sin ti, porque le faltaría una de sus velas, y así no podría brillar tanto.
Pero saber que eres la Luz estando dentro de la Luz… ese es el problema.
Tú eres Dios, ¡ya se te ocurrirá algo!
Dios volvió a sonreír:
Ya pensé en algo.
Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodearé de oscuridad.
¿Qué es la oscuridad? Es aquello que tú no eres.
¿Tendré miedo de la oscuridad? —gimió la almita.Solo si así lo quieres —respondió Dios.
A decir verdad, no hay nada que temer, a menos que así lo decidas. Nosotros inventamos todo eso. Fingimos.
¡Ah! —exclamó la pequeña alma, que ya se estaba sintiendo mejor.
Entonces Dios explicó que, para poder experimentar cualquier cosa, se requiere de su opuesto.
Ese es un gran don, porque sin el no podrías conocer como es todo lo demás. No podrías saber que es lo caliente sin lo frío, el arriba sin el abajo, lo rápido sin lo lento. No podrías saber que es la izquierda sin la derecha, el acá sin el allá, el ahora sin el después.
Y así —concluyó Dios, al verte envuelta en la oscuridad, no cierres el puño ni alces la voz para maldecirla.
Más bien, sé Luz entre las tinieblas, y no te enojes por ello.
De ese modo sabrás Quien Eres Realmente, y también los demás lo sabrán.
Permite que tu luz brille para que todos sepan que eres alguien muy especial.
¿Quieres decir que está bien que los demás sepan que soy alguien muy especial? — inquirió la Pequeña Alma.
¡Por supuesto! — rió Dios, ¡Esta muy bien!
Pero recuerda que “especial” no quiere decir “mejor”. Todos son especiales, cada uno a su modo. Pero hay muchos que no lo recuerdan. Entenderán que está bien que sean especiales sólo cuando tu mismo sepas que está bien ser especial.
¡Fantástico! — exclamó la almita, quien bailaba, reía y daba saltos de felicidad.
¡Puedo ser todo lo especial que quiera!
Si, y puedes serlo a partir de ahora mismo — agregó Dios, quien bailaba y saltaba y reía con la pequeña Alma.
¿Qué parte de lo especial quieres ser?
¿Qué parte de lo especial? No te entiendo.
Verás… — le explicó Dios:
Ser la Luz es ser especial, y eso esta hecho de muchas partes.
Ser generoso es ser especial.
Ser amable es ser especial.
Ser creativo es ser especial.
Ser paciente es ser especial.
¿Se te ocurren otros modos de ser especial?
La pequeña Alma quedó en silencio por un instante:
¡Se me ocurren muchas formas de ser especial! — Exclamó luego.
Es especial ayudar a los demás.
Es especial compartir.
Y ser amistoso también es ser especial.
¡Ser considerado con los demás es ser especial!
¡Así es! — concordó Dios.
Y tú puedes ser todas esas cosas, o cualquier otra parte de lo especial que desees ser, en cualquier momento. Eso significa ser la Luz.
¡Ya se lo que quiero ser! —anunció la Pequeña Alma, muy emocionada.
Quiero ser la parte de lo especial llamada “perdonar”.
¿No es especial perdonar?
Oh, si —aseguro Dios. Eso es muy especial.Entonces, eso quiero ser. Quiero perdonar.
Quiero experimentarme a mi misma de ese modo.
Bien —dijo Dios.
Pero hay algo que debes saber.
La Pequeña Alma comenzaba a impacientarse.
Parecía que siempre había complicaciones.
¿De que se trata? —suspiró
No hay nadie a quien perdonar.
¿Nadie? La Pequeña Alma apenas podía creer lo que estaba oyendo.
¡Nadie! —repitió Dios.
Todo cuanto hice es perfecto.
No hay una sola alma en toda la creación que sea menos perfecta que tu.
Mira a tu alrededor.
Entonces la Pequeña Alma se dio cuenta de que se había reunido una gran multitud. De todo largo y ancho, de todos los rincones del Reino, habían venido almas, porque se había corrido la voz de que la Pequeña Alma sostenía una extraordinaria conversación con Dios, y todos querían oír lo que decían.
Viendo a las incontables almas reunidas, la almita tuvo que coincidir: nadie parecía ser menos maravilloso, menos magnifico o menos perfecto que ella misma. Tal era el esplendor de las almas reunidas y tan brillante era su Luz, que la Pequeña Alma apenas podía sostener su mirada.
¿A quién perdonar entonces? —preguntó Dios.
¡Oh, creo que esto será muy aburrido! — gruñó la almita.
Quería experimentarme como El Que Perdona.
Quería saber como es esa parte de lo especial.
Y, así, supo como es estar triste.
Pero entonces un Alma amistosa salió de entre la multitud:
No te preocupes Pequeña —le dijo. Yo te ayudaré.
¿De verdad? —replicó, con el rostro iluminado.
¿Pero que puedes hacer?
Puedo darte a alguien para que lo perdones.
¿Puedes?
¡Desde luego! —canturreó el Alma amistosa.
Puedo ir a tu siguiente vida y hacer algo para que lo perdones.
Pero… ¿Por qué habrías de hacerlo? —preguntó la Pequeña Alma.
Tú que eres un Ser de tan absoluta perfección.
Tú que vibras con gran rapidez creando una luz tan brillante que apenas puedo verla.
¿Qué podría hacer que frenaras tu vibración hasta que tu luz se hiciera oscura y densa?
¿Qué podrías hacer tú, que eres tan ligera como para bailar en las estrellas y desplazarte por el Reino a la velocidad del pensamiento, entraras a mi vida y te volvieras pesada como para hacer una cosa tan mala?
Es muy fácil —repuso el Alma Amistosa.
Lo haría porque te amo.
A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.
No te asombres — le dijo el Alma Amistosa.
Tú hiciste lo mismo por mí. ¿No lo recuerdas? Hemos bailado juntas muchas veces, por eones y eras. Durante todos los tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas. Simplemente no lo recuerdas,
Ambas hemos sido todas las cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha. Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después, Fuimos lo Masculino y lo Femenino, lo Bueno y lo Malo. Tu y yo Fuimos la victima y el villano.
Así, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar Quienes Somos Realmente.
De ese modo —añadió el Alma Amistosa, llegaré a tu próxima vida y seré el “malo”. Haré algo realmente terrible, y entonces podrás experimentarte como El Que Perdona.
¿Que harás? —preguntó la Pequeña Alma, un poco nerviosa.
¿Que puede ser tan terrible?
Oh, ya pensaremos en algo —replicó el Alma amistosa, con un guiño.
Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuro:
Tienes razón en algo.
¿En qué? —quiso saber la almita.
Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer ese algo no tan bueno, Fingiré que soy alguien muy distinto a quien realmente soy. Por eso te pediré un favor a cambio.
¡Si, lo que quieras — exclamó la Pequeña Alma y comenzó a cantar y bailar, Podré perdonar, podré perdonar!
Pero notó que el Alma Amistosa seguía muy callada.
¿Qué quieres? —le preguntó. ¿Qué puedo hacer por ti?
¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mí!
¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! —interrumpió Dios
¡Todos lo son! Siempre recuerda eso que solo ángeles envío.
Y así, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la petición del Alma amistosa:
¿Qué puedo hacer por ti? —volvió a preguntar.
En el momento que te golpee y te despedace —repuso el Alma Amistosa. Cuando te haga lo peor que pudieras imaginarte, en ese mismo instante…
¿Que? — interrumpió la Pequeña Alma. ¿Qué…?
El Alma amistosa está aun más seria:
Recuerda quien soy realmente.
¡Si, así será! —exclamó el Alma Inocente. ¡Te lo prometo! Siempre te recordaré tal y como te veo aquí y ahora.
Muy bien —repuso el Alma Amistosa, porque pondré tanto empeño en fingir, que olvidaré quien soy. Y si tú no me recuerdas como soy realmente, no podré acordarme durante mucho tiempo. Y si olvido quien soy, incluso tú olvidarás Quien Eres, y las dos estaremos perdidas. Entonces necesitaremos que venga otra alma para que nos recuerde a Ambas Quienes Somos.
¡No, no será así! —prometió otra vez la Pequeña alma.
¡Te recordaré! Y te agradeceré por darme ese don, la oportunidad de experimentarme como Quien Soy.
Así acordaron, y La Pequeña Alma fue hacia una nueva vida, emocionada por ser la Luz, que era muy especial, y por ser esa parte de lo especial que se llama Perdonar.
Y esperó ansiosamente poder experimentarse como Perdón y agradecer lo que hiciera la otra alma para que fuera posible.
En todo momento de esta vida, cada vez que apareció en escena una nueva alma, ya fuera que trajese felicidad o pesar (y especialmente si traía pesar), la Pequeña Alma pensó en lo que Dios le dijo.
“Siempre recuerda que no envío mas que ángeles”
“Fin”
miércoles, 23 de noviembre de 2011
ORACIÓN DE LA FABA - los caminos del Camino
Oración de La Faba
Aunque hubiera recorrido todos los caminos,
cruzado montañas y valles
desde Oriente hasta Occidente,
si no he descubierto la libertad de ser
yo mismo
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera compartido
todos mis bienes
con gentes de otra lengua y cultura,
hecho amistad con
peregrinos de mil senderos
o compartido albergue con santos y príncipes,
si no soy capaz de perdonar mañana a mi vecino,
no he llegado a ningún
sitio.
Aunque hubiera cargado mi mochila de principio a fin
y
esperado por cada peregrino necesitado de ánimo,
o cedido mi cama a quien
llegó después,
y regalado mi botellín de agua a cambio de nada,
si de
regreso a mi casa y mi trabajo no soy capaz
de crear fraternidad y poner
alegría, paz y unidad,
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera
tenido comida y agua cada día,
y disfrutado de techo y ducha todas las
noches,
o hubiera sido bien atendido de mis heridas,
si no he
descubierto en todo ello el amor de Dios,
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera visto todos los monumentos
y contemplado las mejores
puestas de sol;
Aunque hubiera aprendido un saludo en cada idioma,
o probado el agua limpia de todas las fuentes,
si no he descubierto quién es
autor de tanta belleza gratuita y de tanta paz
no he llegado a ningún sitio.
Si a partir de hoy no sigo caminando en tus caminos,
buscando
y viviendo según lo aprendido;
Si a partir de hoy no veo en cada persona,
amigo y enemigo, un compañero de camino;
Si a partir de hoy no reconozco
a Dios,
no he llegado a ningún sitio.
Autor: Fraydino
cruzado montañas y valles
desde Oriente hasta Occidente,
si no he descubierto la libertad de ser
yo mismo
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera compartido
todos mis bienes
con gentes de otra lengua y cultura,
hecho amistad con
peregrinos de mil senderos
o compartido albergue con santos y príncipes,
si no soy capaz de perdonar mañana a mi vecino,
no he llegado a ningún
sitio.
Aunque hubiera cargado mi mochila de principio a fin
y
esperado por cada peregrino necesitado de ánimo,
o cedido mi cama a quien
llegó después,
y regalado mi botellín de agua a cambio de nada,
si de
regreso a mi casa y mi trabajo no soy capaz
de crear fraternidad y poner
alegría, paz y unidad,
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera
tenido comida y agua cada día,
y disfrutado de techo y ducha todas las
noches,
o hubiera sido bien atendido de mis heridas,
si no he
descubierto en todo ello el amor de Dios,
no he llegado a ningún sitio.
Aunque hubiera visto todos los monumentos
y contemplado las mejores
puestas de sol;
Aunque hubiera aprendido un saludo en cada idioma,
o probado el agua limpia de todas las fuentes,
si no he descubierto quién es
autor de tanta belleza gratuita y de tanta paz
no he llegado a ningún sitio.
Si a partir de hoy no sigo caminando en tus caminos,
buscando
y viviendo según lo aprendido;
Si a partir de hoy no veo en cada persona,
amigo y enemigo, un compañero de camino;
Si a partir de hoy no reconozco
a Dios,
no he llegado a ningún sitio.
Autor: Fraydino
martes, 8 de noviembre de 2011
Aprenderás - William Shakespeare
Después
de un tiempo aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía
no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no
son contratos, ni regalos, ni promesas...
Comenzarás a aceptar tus
derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de
un adulto y no con la tristeza de un niño.
Aceptarás que incluso las
personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma..
Descubrirás
que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla, y
que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de
la vida...
Aprenderás que las verdaderas amistades continúan creciendo a
pesar de las distancias.
Y que no importa qué es lo que tienes, sino a
quién tienes en la vida... que los buenos amigos son la familia que nos
permitimos elegir.
Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos
con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o nada, sólo por el placer de
disfrutar de su compañía...
Descubrirás que muchas veces te tomas a la
ligera a las personas que más te importan.
Aprenderás que no importa a
donde llegaste, sino a donde te diriges y si no lo sabes, cualquier
lugar sirve...
Aprenderás que si no controlas tus actos, ellos te
controlaran a ti y que ser flexible no significa ser débil o no tener
personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una
situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que la paciencia
requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que
esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te
ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido
de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho
mas de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe
decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son
tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás
quitando la esperanza...
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes
derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.
Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres,
no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas
que nos aman, pero que no saben como demostrarlo.
No siempre es
suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender
a perdonarte a ti mismo...
Aprenderás que con la misma severidad con
que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuántos pedazos tu corazón se partió, el
mundo no se detiene para que lo arregles.
Entonces y sólo
entonces, sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que
podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se
podía más.
Y es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.
William Shakespeare
martes, 18 de octubre de 2011
Dame tu amor cuando menos lo merezco...
"Dame tu amor cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito". Creo que es un refrán chino. Cuando menos, es un refrán sabio.
Estamos acostumbrados a REACCIONAR ante la realidad continuamente. Si nos sonríen, devolvemos una sonrisa. Si no nos sonríen, nos mantenemos serios. Si nos tratan amablemente, solemos ser también amables. Es como si nos adaptásemos al entorno. Así nos llegan los "inputs", así reaccionamos. Es una forma bastante inconsciente de manejarse por la vida. Pero, ¿qué pasa con las relaciones?? ¿qué pasa cuando alguien nos trata "mal"? Especialmente si es alguien a quien queremos, nos genera sufrimiento. Dependiendo del momento evolutivo en el que estemos, podemos reaccionar de distintas maneras.
Podemos pensar: "¿qué he hecho mal?"
Podemos pensar: "yo no me merezco que me trates así"
Incluso podemos pensar: "ha encontrado a otra persona, me va a dejar".
Pero también podríamos pensar "¿qué te ocurre?, ¿te sientes mal?".
Si soy de los que piensan "¿qué he hecho mal?", bueno, la inseguridad debe ser la clave de mi vida. Y un poquito de orgullo también, ¿no crees? Pensar que no soy suficientemente buena, suficientemente amorosa, eficiente,... suficientemente perfecta, y encima, esa es la causa de los males del mundo... No, por ahí no debe estar la respuesta.
El malestar de uno mismo no suele ser "culpa" de nadie más que de uno mismo. No me siento mal porque alguien dice o deja de decir, o hace o deja de hacer. Me siento mal por cómo interpreto eso que está ocurriendo. O simplemente porque algo dentro de mi me hace sentir mal. Y de la misma manera, el otro se siente mal porque algo dentro de él le hace sentirse mal. Yo soy solo la excusa para que él se de cuenta. No somos tan importantes como para ser la causa de casi nada....
Esto lo aprendí mientras daba clases en la ESO (enseñanza secundaria obligatoria). Quienes trabajan o conviven habitualmente con adolescentes saben que estar con ellos es estar ante la vida en estado puro. Muchas veces en el aula ellos manifiestan sus disgustos, su propio dolor existencial, sus problemas (o los problemas de sus padres!)... Y el profesor, ahí delante, es el espectador que observa y le espeja ese malestar. Pero no es que el alumno "quiere destrozarme la clase" como piensan algunos compañeros del gremio. El alumno sólo está expresando que se siente mal, que necesita apoyo, comprensión...
Y eso mismo que ocurre en las aulas, ocurre en todas las edades, en esa gran aula que es la vida. Las personas sufren, y expresan ese dolor y ese vacío como pueden. Y a veces la excusa es otra persona que se le pone por delante y que le espeja algo que no quiere o no puede aceptar.
¿Y qué es lo que más necesita ese adolescente que tenemos en el aula y que expresa continuamente su malestar generando conflicto?? Lo que más necesita es amor. Es consuelo, es comprensión. No necesita alguien que le castigue, que le haga sentir culpable, que le retroalimente su agresividad (o su pasividad). Necesita alguien que no le juzgue, que le acepte, que le respete, que le valore, que le de su pequeño minuto de gloria para que pueda sentir, tal vez por primera vez, que es importante para alguien, que es válido, que puede hacer las cosas bien. (y también alguien que le ayude a darse cuenta de cuál está siendo su actitud....)
Por eso me gusta esta frase: La persona que se acerca y nos trata mal, la que nos hace la vida imposible, la que genera conflicto en todas partes, la que nos "traiciona", es la persona que más necesita que la amemos. Porque si actúa así es porque está sufriendo. Y sólo el amor le va a permitir darse cuenta de su propio dolor. Solo el amor la va a transformar y le va a permitir salir de ese bucle de dolor. Solo el amor puede ayudarle a sanarse
Así que cuando te sientas atacado, traicionado, herido... intenta enviar todo el amor que puedas a esa persona. No te identifiques con su rabia, con su violencia, no pienses que tiene nada que ver contigo. En realidad es SU propio dolor. Y sólo el amor puede hacerle cambiar.
Y si no puedes soportar la situación (no se trata de convertirse en mártires, el amor al prójimo empieza por el amor y el respeto hacia uno mismo), aléjate, pero no dejes de enviarle tu amor....

Estamos acostumbrados a REACCIONAR ante la realidad continuamente. Si nos sonríen, devolvemos una sonrisa. Si no nos sonríen, nos mantenemos serios. Si nos tratan amablemente, solemos ser también amables. Es como si nos adaptásemos al entorno. Así nos llegan los "inputs", así reaccionamos. Es una forma bastante inconsciente de manejarse por la vida. Pero, ¿qué pasa con las relaciones?? ¿qué pasa cuando alguien nos trata "mal"? Especialmente si es alguien a quien queremos, nos genera sufrimiento. Dependiendo del momento evolutivo en el que estemos, podemos reaccionar de distintas maneras.
Podemos pensar: "¿qué he hecho mal?"
Podemos pensar: "yo no me merezco que me trates así"
Incluso podemos pensar: "ha encontrado a otra persona, me va a dejar".
Pero también podríamos pensar "¿qué te ocurre?, ¿te sientes mal?".
Si soy de los que piensan "¿qué he hecho mal?", bueno, la inseguridad debe ser la clave de mi vida. Y un poquito de orgullo también, ¿no crees? Pensar que no soy suficientemente buena, suficientemente amorosa, eficiente,... suficientemente perfecta, y encima, esa es la causa de los males del mundo... No, por ahí no debe estar la respuesta.
El malestar de uno mismo no suele ser "culpa" de nadie más que de uno mismo. No me siento mal porque alguien dice o deja de decir, o hace o deja de hacer. Me siento mal por cómo interpreto eso que está ocurriendo. O simplemente porque algo dentro de mi me hace sentir mal. Y de la misma manera, el otro se siente mal porque algo dentro de él le hace sentirse mal. Yo soy solo la excusa para que él se de cuenta. No somos tan importantes como para ser la causa de casi nada....
Esto lo aprendí mientras daba clases en la ESO (enseñanza secundaria obligatoria). Quienes trabajan o conviven habitualmente con adolescentes saben que estar con ellos es estar ante la vida en estado puro. Muchas veces en el aula ellos manifiestan sus disgustos, su propio dolor existencial, sus problemas (o los problemas de sus padres!)... Y el profesor, ahí delante, es el espectador que observa y le espeja ese malestar. Pero no es que el alumno "quiere destrozarme la clase" como piensan algunos compañeros del gremio. El alumno sólo está expresando que se siente mal, que necesita apoyo, comprensión...
Y eso mismo que ocurre en las aulas, ocurre en todas las edades, en esa gran aula que es la vida. Las personas sufren, y expresan ese dolor y ese vacío como pueden. Y a veces la excusa es otra persona que se le pone por delante y que le espeja algo que no quiere o no puede aceptar.
¿Y qué es lo que más necesita ese adolescente que tenemos en el aula y que expresa continuamente su malestar generando conflicto?? Lo que más necesita es amor. Es consuelo, es comprensión. No necesita alguien que le castigue, que le haga sentir culpable, que le retroalimente su agresividad (o su pasividad). Necesita alguien que no le juzgue, que le acepte, que le respete, que le valore, que le de su pequeño minuto de gloria para que pueda sentir, tal vez por primera vez, que es importante para alguien, que es válido, que puede hacer las cosas bien. (y también alguien que le ayude a darse cuenta de cuál está siendo su actitud....)
Por eso me gusta esta frase: La persona que se acerca y nos trata mal, la que nos hace la vida imposible, la que genera conflicto en todas partes, la que nos "traiciona", es la persona que más necesita que la amemos. Porque si actúa así es porque está sufriendo. Y sólo el amor le va a permitir darse cuenta de su propio dolor. Solo el amor la va a transformar y le va a permitir salir de ese bucle de dolor. Solo el amor puede ayudarle a sanarse
Así que cuando te sientas atacado, traicionado, herido... intenta enviar todo el amor que puedas a esa persona. No te identifiques con su rabia, con su violencia, no pienses que tiene nada que ver contigo. En realidad es SU propio dolor. Y sólo el amor puede hacerle cambiar.
Y si no puedes soportar la situación (no se trata de convertirse en mártires, el amor al prójimo empieza por el amor y el respeto hacia uno mismo), aléjate, pero no dejes de enviarle tu amor....
lunes, 11 de julio de 2011
Perfecta paz, perfecta alegría
Cuentan que un día le preguntaron a San Francisco de Asís: "¿cuál es la perfecta alegría?" Y él contestó que la perfecta alegría no es cuando todo sale bien, ni siquiera cuando las cosas son como creemos que tienen que ser. La perfecta alegría es, dijo:
"Regreso de Perusa y llego aquí muy de noche y es invierno, con barro y mucho frío, hasta el punto que el agua congelada en el borde de la túnica me golpea las piernas y sangran las heridas. Y lleno de barro, con el frío y el hielo, llego a la puerta y, después de mucho aporrear y llamar, viene el fraile y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: Fray Francisco. Y él dice: "Vete, estas no son horas. No entrarás". Y al insistir de nuevo responde: "Vete, eres un simple y un ignorante; de ningún modo vendrás con nosotros; somos tantos y tales que no te necesitamos". Y yo sigo aún en la puerta y digo: "Por el amor de Dios, hospedadme esta noche". Y èl responde: "No lo haré. Ve al lugar (hospital) de los Crucíferos y pide allí".
Yo te digo que si tengo paciencia en esto y no me molesto, esa es la verdadera alegría "
Parece un poco de locos. Parece un poco de masoquismo, como una exaltación de la pobreza o el sufrimiento. Yo ahora lo entiendo como ACEPTACIÓN. No juzga, y por eso no sufre. Lo intenta hasta 3 veces; pero no trata de cambiar a nadie. Acepta. Acepta que cada uno está en el momento en que está. Que cada uno es capaz de entender apenitas una parte de la realidad. Acepta que las cosas no son como uno esperaba, que la vida "no siempre es justa" (como nuestro sistema de creencias entiende la "justicia").
La verdadera paz no es cuando todo está bien en mi mundo, ni la verdadera alegría cuando las cosas ocurren "como tiene que ser". La verdadera alegría no tiene que ver con las cosas de fuera. Es tan solo una actitud interior. Si estás presenciando la destrucción de todos los universos, y a pesar de ello, eres capaz de sentirte en paz y de saber que todo está bien, esa es la verdadera paz.
La verdadera paz no es cuando todo está bien en mi mundo, ni la verdadera alegría cuando las cosas ocurren "como tiene que ser". La verdadera alegría no tiene que ver con las cosas de fuera. Es tan solo una actitud interior. Si estás presenciando la destrucción de todos los universos, y a pesar de ello, eres capaz de sentirte en paz y de saber que todo está bien, esa es la verdadera paz.
Cuando todo en mi vida se tuerce, pero yo me mantengo en paz, tal vez con dolor, pero en paz; cuando todo a mi alrededor parece estar destruyéndose por momentos; cuando lo más importante de mi vida me es arrebatado; cuando todo está mal "a los ojos de los hombres"... si soy capaz de levantar la cabeza, entrar en mi corazón, y encontrar allí la paz, ésa es la perfecta paz.
Nadie puede darnos (ni quitarnos tampoco) la perfecta paz, ni la perfecta alegría. Es una conquista de uno mismo, que se consigue con paciencia, con entrega, con devoción. Es la tranquilidad del espíritu que sabe que todo está siempre bien porque estamos aquí como en una gran obra de teatro, para poder aprender. Y las lecciones llegan, inexorablemente. Los seres humanos tendemos a aprender a través del sufrimiento, o cuando menos, de los cambios. Cuando todo está quieto, tranquilo, nos acomodamos. Entonces la vida, en su incesante y rápido movimiento, nos propone un nuevo desafío. Si podemos aceptarlo sin perder la sonrisa, entonces estaremos instalándonos en la perfecta alegría, en la perfecta paz.
En el sala de estar de la casa donde crecí había un pergamino en el que estaba escrito: "Todo es para bien por ser voluntad de Aquél que no puede equivocarse". Creo que aprendí a leer con ese pergamino. No entendía qué significaba. Por un tiempo incluso pensé que "la voluntad de Aquel que no puede equivocarse" era casi siempre contraria a la mía, y me enojaba contra ese Dios que hace las cosas aparentemente tan extrañas. Hoy entiendo a Dios de otra manera, muy diferente a cuando era niña. Pero esa frase se convierte cada vez más en mi objetivo, y en mi realidad. Tal vez escrita de otra manera, pero con el mismo significado. Todo está siempre bien. Uno siempre está en el lugar que tiene que estar, haciendo lo que tiene que hacer. Porque si no, la vida se encarga rápidamente de recolocarnos.
La clave para no sufrir es aceptar. El sufrimiento al final solo es la negación de la realidad, o la negación del presente. Sufro porque no quiero aceptar cómo son las cosas, porque todo lo paso por el cedazo de mis juicios y mis creencias, o sufro porque me proyecto a un futuro incierto en el que no sé cómo pueden ser las cosas. En el momento en que me instalo en la aceptación y el agradecimiento de todo lo que ocurre en mi vida, sabiendo que es siempre perfecto, no dejo de vivir situaciones dolorosas (porque la condición humana es así), pero sí dejo de sufrir. Y lo más importante, encuentro la perfecta paz, previa a la perfecta alegría. Esa que ya nadie puede arrebatarme...
La clave para no sufrir es aceptar. El sufrimiento al final solo es la negación de la realidad, o la negación del presente. Sufro porque no quiero aceptar cómo son las cosas, porque todo lo paso por el cedazo de mis juicios y mis creencias, o sufro porque me proyecto a un futuro incierto en el que no sé cómo pueden ser las cosas. En el momento en que me instalo en la aceptación y el agradecimiento de todo lo que ocurre en mi vida, sabiendo que es siempre perfecto, no dejo de vivir situaciones dolorosas (porque la condición humana es así), pero sí dejo de sufrir. Y lo más importante, encuentro la perfecta paz, previa a la perfecta alegría. Esa que ya nadie puede arrebatarme...
lunes, 27 de junio de 2011
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